Este artículo tiene ya algún tiempo, lo escribí pensando en todos mis compañeros de profesión que luchan día a día por los niños.
A esos profesores especialistas en Audición y
Lenguaje o Educación Especial, a esos héroes invisibles que día a día sacan lo
mejor de sus alumnos NEAE (Necesidades Específicas de Apoyo Educativo),
¡felicidades!
Felicidades porque no es fácil pero sí que merece la
pena. Merece la pena el cansancio y las ojeras. Las horas de clase y las que
pasas en casa enredado en Adaptaciones Curriculares e Informes
Psicopedagógicos. Merece la pena el tiempo que dedicas a buscar actividades alternativas e innovadoras
para trabajar con tus alumnos TGD (Trastorno Generalizado del Desarrollo), TDAH
(Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad), TGC (Trastorno
Grave de Conducta), ALCAÍN (Altas Capacidades), ECOPHE (Alumnos con Especiales
Condiciones de Historia Escolar) y un largo etcétera de siglas y acrónimos que
solo tú conoces. Felicidades por no tirar la toalla y no permitir que ellos la
tiren.
Tú, que andas sigilosamente por el colegio, pasando
desapercibido pero siendo tan necesario. Tú, relegado a tu aula de PT
(Pedagogía Terapéutica), ese mágico lugar donde todo es posible, donde todo se
puede, donde nunca flaquean las fuerzas, donde tus alumnos son soldados que le
ganan la batalla a la incomprensión.
Felicidades por tu paciencia y por ir inyectando
positividad donde los demás ven pesimismo. Por ver bendiciones donde otros solo
ven lastres. Tú, que sí los entiendes, que sí confías. Tú, tan deductivo, un
héroe invisible, pero un héroe. No reconocido en ocasiones, pero un héroe. De
esos que están a pie del cañón, en el campo de batalla, con miedos, sí, pero no
por ello acobardado. Tú, maestro especialista en Educación Especial, que hueles
a tinta y a tiza. A acuarelas y a creatividad. Que llevas dibujada con plastidecor una eterna sonrisa en la
cara y un sol en la frente. ¡Gracias!, por enseñarnos a enseñar en la
diversidad.

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